Una enseñanza milenaria de la tradición iniciática

Solo la mención del término Rosacruz procura una profunda evocación en toda persona interesada en el camino del conocimiento iniciático, si bien sobre dicha institución habitualmente se han vertido un sinnúmero de especulaciones y fantasías posiblemente debidas a la ignorancia o, incluso según muchos afirman, como producto de la difusión de una desinformación interesada.  

Por fin, está a disposición de los lectores los textos fundacionales íntegros de esta Orden en una excelente traducción presentada en un único volumen de tapa dura en una edición limitada y numerada. Lo forman Fama Fraternitatis, (1614); Confessio fraternitatis rosae crucis  (1615), ambas de autor anónimo; Las bodas alquímicas de Christian Rosenkreutz (1616) obra firmada por Johannes Valentinus Andreae  y, traducido por primera vez al castellano, Speculum sophicum rhodostauroticum (1618) debida a Theophilus Schweighardt. Respecto a esta obra cabe destacar la inclusión de las magníficas ilustraciones en color, y de gran valor simbólico, reproducidas del original de 1618. La obra se completa con el prefacio a la primera edición en inglés de la Fama y Confessio de Thomas Vaughan, que firma como Eugenius Philalethes, y con el excelente, completo y documentado prólogo del doctor en química, farmacéutico, antropólogo y humanista Juan Carlos Avilés, director de la colección “Tradición Perenne” en la que está integrado este volumen.   

No es posible adentrarse correctamente en el pensamiento hermético, alquímico e iniciático occidental sin haber leído estos libros que si bien a veces, son complejos, crípticos y velan su mensaje, sin embargo otras veces muestran enseñanzas y claves enormemente valiosas, diríamos imprescindibles, en el sendero del conocimiento tradicional. 

El mundo oyó hablar por primera vez de la Orden Rosacruz cuando en 1614 apareció en la ciudad alemana de Kassel una breve obrita titulada Fama Fraternitatis. En ella se narra el periplo y vicisitudes de su fundador Christian Rosenkreutz que, a su vez, funda el Templo del Espíritu Santo. Según lo anteriormente mencionado, sirvan estas líneas también como una invitación al lector a adentrarse en el episodio del encuentro del cuerpo incorrupto del maestro y la descripción de su tumba que y acceder así a toda su rica y reveladora simbología en uno de los relatos cumbre del pensamiento hermético de Occidente. 

Así mismo, pocos libros muestran de modo más preciso la naturaleza del viaje iniciático en clave alquímica que las siete jornadas descritas en Las bodas alquímicas de Christian Rosenkreutz en las que se describen sus extrañas vivencias  después de ser elegido como invitado a una boda en un misterioso castillo. Otra obra básica para comprender los procesos y pasos naturales de la Obra alquímica.  

Por su parte, si bien no ha sido hasta ahora común incluir el Speculum dentro de la literatura Rosacruz, después de su lectura se evidencia que este libro debe estar irremediablemente unido a los demás ya clásicos, pues aporta a los textos anteriores elementos nuevos y esclarecedores  sobre lo que el autor define como Collegium ad S.S. de la Fraternidad Rosacruz. 

Poco queda que añadir, el nombre Rosacruz ya nos sugiere una de las enseñanzas milenarias de la tradición iniciática. La sabiduría del antiguo Egipto nos habla de nefer, término que se traduce indistintamente como perfume y belleza. En Egipto aludía a la flor de loto que emanaba su sutil perfume cuando se abría al amanecer al recibir el primer rayo de luz solar. La misma consideración que el loto tuvo en culturas como la de Egipto y la India, la tuvo la rosa entre la mística sufí o cristiana. La equivalencia simbólica es igual, loto y rosa, y ambas muestran el fruto del trabajo alquímico sobre la cruz de luz viviente, es decir la fusión de la rosa sobre la cruz: la Rosacruz.